Me llamó la atención la creciente popularidad de la ashwagandha y quise investigar a fondo si este suplemento herbal es seguro o si puede causar daño hepático. En este artículo comparto lo que descubrí al indagar en estudios científicos, reportes de casos clínicos y revisiones recientes. Hablaremos sobre ashwagandha y el hígado, analizando si existen evidencias de hepatotoxicidad (toxicidad para el hígado) asociada a su consumo, o si los casos reportados son anecdóticos. También repasaremos sus beneficios comprobados (reducción del estrés, ansiedad, apoyo hormonal, etc.) y cuáles son sus efectos secundarios. Al final, ofreceré recomendaciones para un uso más seguro de la ashwagandha.

¿Qué es la ashwagandha y para qué se usa?
Ashwagandha (Withania somnifera) es un arbusto perenne originario de India utilizado desde hace siglos en la medicina ayurvédica. Se le considera un adaptógeno, es decir, una hierba que ayuda al organismo a adaptarse al estrés. Tradicionalmente se ha usado como tónico general para mejorar la salud, aumentar la energía y reducir la ansiedad. Hoy en día, los suplementos de ashwagandha (generalmente extractos de su raíz) se promocionan para reducir el estrés, mejorar el sueño, apoyar la salud hormonal (por ejemplo, fertilidad y niveles de testosterona) y favorecer el rendimiento físico y mental. En esencia, es “el ginseng indio”, muy apreciado por sus presuntos efectos antiestrés, antioxidantes y antiinflamatorios.
Beneficios comprobados de la ashwagandha
En mi investigación encontré que, si bien la evidencia no es perfecta, varios estudios clínicos respaldan beneficios de la ashwagandha en ciertas áreas de la salud:
- Reducción del estrés y la ansiedad: Diversos ensayos controlados han demostrado que la ashwagandha puede disminuir significativamente el estrés y la ansiedad en comparación con un placebo. Por ejemplo, una revisión sistemática de 2022 (que analizó 12 estudios con ~1000 participantes) encontró que quienes tomaron ashwagandha reportaron menores niveles de ansiedad y estrés, junto con reducciones en la hormona del estrés cortisol. Muchos participantes también experimentaron menos fatiga e insomnio al tomar esta hierba.
- Mejora del sueño: La ashwagandha parece tener un efecto positivo en la calidad del sueño. Un meta-análisis de ensayos clínicos halló mejoras pequeñas pero significativas en la calidad del sueño de adultos que tomaban extracto de ashwagandha frente a placebo. Tanto medidas subjetivas (cómo calificaban los participantes su descanso) como objetivas (actigrafía, etc.) mostraron mejoría. Los autores señalaron que dosis de ≥600 mg diarios durante al menos 8 semanas tienden a ser más efectivas para este fin. Además, no se reportaron efectos adversos graves en estos estudios, lo que sugiere que es una intervención relativamente segura a corto plazo para mejorar el sueño.
- Salud hormonal y reproductiva: Existe evidencia preliminar de que la ashwagandha apoya la salud hormonal, especialmente en varones. Estudios en hombres han observado incrementos modestos en testosterona y en la calidad del semen tras 2 a 3 meses de suplementación. En un ensayo clínico controlado, hombres de mediana edad que tomaron ashwagandha tuvieron un aumento de aproximadamente 14% en sus niveles de testosterona comparado con placebo. Asimismo, algunos ensayos sugieren mejoras en la fertilidad masculina (mayor conteo y movilidad de espermatozoides) después de varios semanas de uso de la raíz. Es importante señalar que estos efectos hormonales benéficos son modestos y la evidencia aún es limitada, pero resultan prometedores.
- Otras áreas: La ashwagandha está siendo estudiada por posibles beneficios en la memoria y la cognición, la reducción de la glucosa en sangre en diabéticos y el alivio de síntomas en trastornos tiroideos leves, entre otros. Sin embargo, hasta ahora no hay suficiente evidencia concluyente en muchos de estos ámbitos. Por ejemplo, los resultados sobre mejoras en desempeño físico o en síntomas de menopausia son mixtos o provienen de estudios pequeños. Por lo pronto, los usos mejor respaldados científicamente siguen siendo el manejo del estrés, ansiedad e insomnio.
En resumen, la ashwagandha sí ofrece beneficios comprobados en reducir el estrés y mejorar el bienestar en el corto plazo, respaldados por estudios clínicos iniciales. Esto explica por qué muchos la consideran un suplemento valioso para manejar la ansiedad del día a día. Pero, ¿qué hay de su seguridad? A continuación, revisaremos efectos secundarios de la ashwagandha y, en particular, un posible efecto adverso serio pero poco común: el daño hepático.
Efectos secundarios de la ashwagandha: ¿es realmente segura?
Una de las preguntas centrales que me hice fue: ¿La ashwagandha es segura? En general, la respuesta parece ser “sí, pero con matices”. Durante mis averiguaciones encontré que la ashwagandha tiene fama de ser bien tolerada y los estudios reportan pocos efectos adversos significativos. Algunos puntos importantes sobre su perfil de seguridad:
- Seguridad a corto plazo: Tomar ashwagandha durante periodos cortos (por ejemplo, hasta 8-12 semanas) se considera seguro para la mayoría de adultos. En ensayos clínicos controlados no se han observado diferencias importantes en análisis de sangre o eventos graves entre ashwagandha y placebo. De hecho, instituciones oficiales señalan que usarla hasta por 3 meses es probablemente seguro, aunque hace falta más información sobre su seguridad a largo plazo. En mis lecturas vi que muchos participantes en estudios la toman por uno a tres meses sin inconvenientes.
- Efectos secundarios comunes: Los efectos secundarios de la ashwagandha suelen ser leves. Los más reportados incluyen somnolencia, malestar estomacal o gastrointestinal (náuseas, diarrea) y ocasionalmente dolor de cabeza. Estos síntomas, cuando ocurren, tienden a ser transitorios y desaparecen al ajustar la dosis o suspender el suplemento. Por ejemplo, en un estudio sobre ashwagandha para el insomnio, algunos participantes reportaron acidez estomacal o rash leve, pero ningún efecto grave. En general, la mayoría de personas no experimenta efectos adversos importantes con dosis típicas (unos 300–600 mg diarios de extracto estandarizado).
- Precauciones especiales: A pesar de su origen “natural”, hay situaciones donde la ashwagandha no es recomendable. No debe usarse durante el embarazo, ya que podría tener efectos abortivos (en modelos animales altas dosis causaron pérdida fetal). Por precaución, también se desaconseja en la lactancia. Personas con enfermedades autoinmunes o trastornos tiroideos deben consultar con su médico antes de tomarla, ya que la ashwagandha puede estimular el sistema inmunológico y hay reportes de que podría alterar niveles tiroideos en algunos individuos sensibles. Asimismo, si uno va a someterse a una cirugía, se sugiere suspenderla con anticipación, pues puede causar somnolencia adicional o interferir con anestesia.
- Interacciones: La ashwagandha podría potenciar efectos sedantes de medicamentos ansiolíticos o causar somnolencia extra si se combina con alcohol u otros depresores del sistema nervioso. También, dado su leve efecto sobre la hormona tiroidea, podría interactuar con fármacos para tiroides. Es prudente siempre mencionar a nuestro médico o farmacéutico que estamos tomando ashwagandha, para evitar interacciones con otros tratamientos.
En resumen, la ashwagandha es segura para la mayoría de las personas en el corto plazo, siempre y cuando se use de forma adecuada. No obstante, un efecto secundario inusual ha ganado atención recientemente: la posible hepatotoxicidad (daño hepático). Si bien esto es raro, al investigar descubrí que sí se han documentado casos de lesión hepática asociados al consumo de ashwagandha. A continuación, entraré de lleno en el tema ashwagandha y el hígado.
Ashwagandha y el hígado: riesgo de hepatotoxicidad
El daño hepático por hierbas medicinales (conocido como HILI, por Herb-Induced Liver Injury) es un fenómeno poco frecuente pero real. En el caso de la ashwagandha, hasta hace algunos años casi no había indicios de que afectara al hígado. Sin embargo, recientemente han emergido reportes médicos que sugieren que la ashwagandha puede, en casos raros, causar lesión hepática. Al profundizar en la literatura, esto es lo más relevante que encontré:
- Primeros casos reportados: El primer caso publicado de hepatotoxicidad por ashwagandha data de 2017. Posteriormente, entre 2018 y 2020, se identificaron varios pacientes en Islandia y Estados Unidos con lesión hepática atribuida al suplemento. Un artículo de 2020 describió 5 casos de hepatitis colestásica asociados a ashwagandha: todos presentaron ictericia (piel amarilla) y prurito intenso a las pocas semanas (2–12 semanas) de iniciar la hierba. Afortunadamente, ninguno de esos pacientes desarrolló insuficiencia hepática fulminante; sus pruebas de hígado regresaron a la normalidad tras suspender el suplemento, en un lapso de 1 a 5 meses. Estos reportes iniciales dejaron claro que, aunque infrecuente, la ashwagandha tiene potencial hepatotóxico en ciertas personas.
- Patrón de daño hepático: Los casos documentados de lesión hepática por ashwagandha suelen mostrar un patrón colestásico o mixto de hepatitis. Esto significa que predomina la colestasis (obstrucción o lentitud en el flujo de bilis) más que la destrucción directa de hepatocitos. Clínicamente, los pacientes presentaron ictericia, picazón generalizada, orina oscura y a veces dolor abdominal leve. Curiosamente, no se observaron rasgos de reacción autoinmune ni alergia medicamentosa marcada (por ejemplo, no hubo eosinofilia ni fiebre alta típicas de hepatitis farmacológica inmuno-alérgica). En la mayoría de los casos, el daño hepático fue autolimitado: la ictericia persistió por varias semanas pero luego cedió por completo sin secuelas. De hecho, la recuperación suele darse en 1 a 4 meses tras suspender la ashwagandha. Este perfil es consistente con una reacción idiosincrática (es decir, impredecible, dependiente del individuo) más que tóxica por dosis.
- Casos graves y factores de riesgo: Aunque la mayoría de los pacientes se recuperan, ha habido casos aislados más graves. Por ejemplo, un reporte documentó a una mujer de 41 años que desarrolló insuficiencia hepática aguda fulminante tras 8 semanas tomando ashwagandha, lo que requirió un trasplante de hígado de urgencia para salvar su vida. Además, un estudio de 2023 en India recopiló 8 casos de hepatitis por ashwagandha pura; notablemente, 3 de esos pacientes tenían enfermedad hepática crónica preexistente y sufrieron insuficiencia hepática aguda sobreagregada, falleciendo a causa de ello. Esto sugiere que personas con el hígado comprometido (por cirrosis u otras patologías) son particularmente vulnerables a un desenlace fatal si la ashwagandha desencadena lesión hepática. De hecho, los expertos ahora recomiendan evitar este suplemento en pacientes con cirrosis o hepatitis activa. Cabe resaltar que los casos fatales son extremadamente raros; la gran mayoría de usuarios nunca experimentará un daño de tal magnitud. Aun así, el hecho de que hayan ocurrido incluso unos pocos casos severos obliga a tomar el tema con seriedad.
- ¿Culpa de la ashwagandha u otros contaminantes?: Una duda razonable al leer estos casos fue: ¿estamos seguros de que la ashwagandha en sí causó el daño, y no alguna impureza o adulterante en los productos? En varios reportes los investigadores analizaron las cápsulas ingeridas por los pacientes y confirmaron que contenían efectivamente Withania somnifera pura, sin otras hierbas ni tóxicos. Es decir, la evidencia apunta a la ashwagandha misma como desencadenante de la lesión hepática en individuos susceptibles. Por supuesto, en suplementos multi-ingrediente puede haber más confusión, pero en los casos publicados se tuvo cuidado de excluir otras posibles causas (se descartaron hepatitis virales, consumo de alcohol, medicamentos hepatotóxicos, etc.). La causa exacta del daño hepático por ashwagandha aún no se conoce. Se especula que ciertos compuestos llamados withanólidos (activos en la planta) podrían reducir niveles de glutatión en las células hepáticas, volviéndolas más vulnerables al estrés oxidativo. Sin embargo, esto no está probado. En síntesis, parece tratarse de una reacción idiosincrática impredecible: quizá una minoría de personas metabolizan algún componente de la ashwagandha de forma desfavorable, desencadenando inflamación en el hígado.
¿Casos aislados o un riesgo real? (Consenso científico)
Una vez establecida la existencia de estos casos, quise evaluar si se trata de anécdotas aisladas o de un riesgo significativo. La realidad es que, en comparación con la enorme cantidad de gente que consume ashwagandha en el mundo, los casos reportados son muy pocos, pero suficientes para prender una alerta.
Para ponerlo en contexto: la base de datos de farmacovigilancia de la OMS (VigiBase) recogía, hasta hace poco, alrededor de 15 reportes internacionales de trastornos hepáticos asociados a Withania somnifera. Quince casos a nivel mundial son una incidencia bajísima considerando que millones de personas toman este suplemento. Esto sugiere que la hepatotoxicidad por ashwagandha es estadísticamente muy rara.
No obstante, la comunidad científica no descarta esos reportes. Al contrario, existe ahora un consenso emergente de que la ashwagandha puede provocar lesión hepática idiosincrática en ciertos individuos susceptibles, aunque sea un fenómeno poco frecuente. Por ello, publicaciones especializadas ya clasifican a la ashwagandha con una “probable” causalidad de hepatotoxicidad (Score B en la escala de probabilidad). En otras palabras, los hepatólogos reconocen el riesgo, pero lo consideran bajo en términos absolutos.
¿Y qué hay de la controversia? Algunos entusiastas de la medicina natural argumentan que los beneficios superan por mucho este riesgo remoto, mientras que otros expertos piden mayor regulación. Un ejemplo notable es Dinamarca, cuyo ente regulador decidió prohibir la venta de ashwagandha en 2023 citando preocupaciones por sus posibles efectos negativos hormonales y hepáticos (e incluso por su potencial abortivo). Esta drástica medida fue muy polémica; varios científicos criticaron que se basó en un informe no suficientemente riguroso, señalando que la evidencia de daño no justifica vetar completamente un remedio tradicional tan ampliamente usado. Otros países, en lugar de prohibir, han optado por emitir advertencias. Por ejemplo, agencias sanitarias recomiendan no usar ashwagandha si se tienen enfermedades hepáticas preexistentes y aconsejan a los usuarios estar atentos a síntomas como ictericia o picazón persistente mientras la toman.
Mi conclusión personal tras este análisis es que los casos de hepatotoxicidad por ashwagandha, aunque reales, son excepcionalmente raros. No parece haber un peligro para la gran mayoría de usuarios que la toman de manera responsable. Sin embargo, es vital crear conciencia de que, como con cualquier sustancia (natural o sintética), existe una posibilidad remota de reacción adversa grave. Ello no debe causar pánico, pero sí invita a usar la ashwagandha con conocimiento y precaución, especialmente si tenemos otras condiciones de salud.
Recomendaciones para un uso seguro de la ashwagandha
Para cerrar, comparto algunas recomendaciones basadas en lo investigado, que yo mismo seguiría si consumo ashwagandha, con el fin de minimizar riesgos y aprovechar sus beneficios de forma segura:
- Consultar al profesional de salud: Antes de empezar con ashwagandha, especialmente si se padece alguna enfermedad (en particular del hígado) o se están tomando otros medicamentos, es prudente consultarlo con un médico. Un profesional puede evaluar tu caso individual y advertirte de posibles interacciones o contraindicaciones.
- Usar dosis apropiadas: Respetar la dosis recomendada por el fabricante o por estudios clínicos. Las formulaciones comerciales suelen sugerir entre 300 mg y 600 mg de extracto de raíz al día, dosis que han demostrado eficacia con buen perfil de seguridad. Evita la tentación de exceder dosis “por más beneficio” – las megadosis aumentan el riesgo de efectos adversos sin garantía de mayor efecto positivo.
- Preferir extractos estandarizados de calidad: No todas las marcas de suplementos son iguales. Opta por productos de fabricantes confiables, que usen extractos estandarizados (por ejemplo, KSM-66, Sensoril u otros) con controles de calidad. Esto reduce la probabilidad de contaminantes o variaciones en la composición real. Un producto certificado te da más certeza de que realmente contiene ashwagandha pura en la concentración indicada.
- Duración limitada y descansos: Debido a que la seguridad a muy largo plazo no está bien estudiada, se recomienda usar ashwagandha por periodos delimitados (ejemplo, 8-12 semanas), evaluar los resultados, y luego considerar hacer una pausa. Muchas personas la toman en “ciclos” en lugar de continuo todo el año. Si necesitas usarla por periodos prolongados, sería ideal hacerlo bajo supervisión médica y monitoreando ocasionalmente tu función hepática por seguridad.
- Estar atento a las señales de alerta: Aunque es improbable, aprende a reconocer síntomas de posible daño hepático. Si durante el uso notas color amarillo en la piel o los ojos (ictericia), orina oscura, picazón intensa sin explicación, náuseas persistentes o fatiga inusual, suspende la ashwagandha y consulta al médico de inmediato. La detección temprana permite intervenir a tiempo y evitar complicaciones mayores. Insisto en que esto es muy raro, pero más vale pecar de precavido.
- Evitar en embarazo y lactancia: Por precaución, no consumas ashwagandha si estás embarazada, sospechas que podrías estarlo o estás amamantando. Los riesgos potenciales (efecto abortivo, alteración hormonal) hacen que no valga la pena. En estos casos es mejor buscar alternativas aprobadas por el médico para el estrés o el insomnio.
- No sustituir tratamientos médicos por ashwagandha: Si bien esta hierba puede complementar el manejo del estrés o la ansiedad, no debe reemplazar tratamientos médicos prescritos (por ejemplo, medicación para trastornos de ansiedad severos, problemas tiroideos, etc.) sin orientación profesional. Úsala como aliado de tu salud, no como sustituto milagroso.
En conclusión, mi postura equilibrada es que la ashwagandha puede ser una herramienta natural valiosa para mejorar nuestro bienestar (menos estrés, mejor sueño, quizá un empujoncito hormonal), siempre y cuando la utilicemos informados y con moderación. Los casos de daño hepático son extremadamente raros y no deberían desanimar a la mayoría de los usuarios, pero sí recordarnos que “natural” no es sinónimo de “ausente de riesgos”. Informarnos (como acabas de hacer leyendo hasta aquí) es la mejor estrategia para aprovechar lo bueno de la ashwagandha minimizando cualquier efecto indeseado.
Fuentes
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